Alertas que no alertan

Dra. Diana Fabiola Álvarez Salas

Generalmente cuando se escucha la palabra “alerta”, lo músculos se contraen, seguido de una sensación en el estómago al recaer una emoción, que puede derivarse de una preocupación; ahora bien, si alguna persona grita “¡estamos en alerta!”, de manera prácticamente automática la mente arroja una lluvia de pensamientos que van desde un probable sismo (disparándose alarmas), una contingencia ambiental, una situación de protección civil, un desastre natural o un escenario de inseguridad, o se piensa en algún robo, algún enfrentamiento o acto de violencia.

En este sentido, la Real Academia Española, indica sencillamente que: la palabra alerta significa “estar en atención y vigilancia”, dando así un panorama de interpretación que, implica que en el momento que las personas utilicen la palabra alerta en una oración, ésta es para dar una señal de aviso que se deben ejecutar ciertas acciones de observancia y cuidado, asociada a actividades de prevención, para evitar que se concrete una situación inconveniente como las descritas al inicio
Por ejemplo, si roban en determinada zona, todos los días, al anochecer, entonces, ante los reportes de esa incidencia delictiva, las autoridades activan una alerta de seguridad, por lo que, como resultado de dicha alerta, se instruye, que la policía incentive el patrullaje en la zona, con las sirenas encendidas indicando así que se encuentran atentos y vigilantes. ¿Realmente funciona esa alerta de seguridad?; la respuesta de inicio puede ser que sí, ¡claro que funciona! Pero, pueden saltar a la vista otros cuestionamientos.

Siguiendo con el ejemplo, en el escenario que funcione la medida de alerta de seguridad ese día, ¿termina ahí la alerta? ¿se siguen realizando los patrullajes? ¿qué pasa si solo se llevan a cabo por tres días? Planteamientos que se responden, concretándose en que,
“si no se continúa con el patrullaje, regresará de nueva cuenta la inseguridad, aunado a que debe además, incentivarse otros puntos como el deporte, la educación, para integrar socialmente a los habitantes del lugar (esto es, se activa la prevención); así también, se instauran programas como ´vecinos vigilantes´, para estar atentos y reportar cualquier suceso, tratando de tener siempre el lugar iluminado, los parques limpios, sin maleza, para estar al tanto de cualquier agente externo que pudiera irrumpir la zona”-acepción personal.

Esas alertas, sí se llevan a cabo como lo hemos planteado, ¡claro que funcionan! Siendo importante el monitoreo y la continuidad de su implementación. Ahora bien, también se podría tener otro escenario no tan positivo, como el de poner una alarma al carro o a la casa y que se nos olvide, cada vez que dejamos el hogar o estacionamos el automóvil, timbrar el botón para activarlas, lo que da como resultado, la exposición del bien, arriesgando a que, en el momento en que alguien quiera irrumpirlo o sustraerlo, pueda hacerlo y pase desapercibido.

Con ello, podemos concluir, que existen alertas que no actúan como alertas. De nada sirve si las contratas, implementas, instalas, si al final, no las activas, entonces no permites que ejerzan su esencia de significado (atención y vigilancia), porque, aunque estén ahí, “si no aprietas el botón” no actúan como tal. Sí, aunque parezca un trabalenguas, es una realidad la existencia de alertas que no alertan, como es el caso de algunas “Alertas de Violencia de Género contra las Mujeres” (AVGM) que se han instaurado en México.

Cabe resaltar que la AVGM, es un mecanismo de protección de los derechos humanos de las mujeres, único en el mundo, el cual se estableció a través de la legislación mexicana, en la “Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia”, señalando su objeto, tal como se aprecia a la lectura de los artículos 22 y 23 (primer párrafo).

“ARTÍCULO 22.- Alerta de violencia de género: Es el conjunto de acciones gubernamentales de emergencia para enfrentar y erradicar la violencia feminicida en un territorio determinado, ya sea ejercida por individuos o por la propia comunidad.

ARTÍCULO 23.- La alerta de violencia de género contra las mujeres tendrá como objetivo fundamental garantizar la seguridad de las mismas, el cese de la violencia en su contra y eliminar las desigualdades producidas por una legislación que agravia sus derechos humanos, (…)”.
Para la que suscribe, la AVGM, es una “llamada de atención a las autoridades, de los tres órdenes de gobierno (federal, estatal y municipal), a través del cual, se les instruye que ´se pongan a trabajar´ de manera conjunta, para evitar que las mujeres continúen siendo vulneradas en sus derechos, y que, incluso lleguen a perder la vida, por no implementar acciones, aplicando una política mayoritariamente de prevención”.

Pero de nada sirve, si, aunque se contemple ese mecanismo en la ley, se describa su seguimiento, emitan las mismas en “papel”, se “instalen mesas interinstitucionales de trabajo”, todo se quede ahí, en el aire y no se dé continuidad, obteniendo como resultado final, el crecimiento de violencia contra las mujeres, y el aumento en el índice de feminicidios -lo que en promedio se tiene que, cada día en el territorio nacional, mueren por lo menos tres mujeres-, ante la falta de atención a las AVGM, que existe en 12 entidades de la república, que a continuación se enuncian, aunadas con el mes y año de declaración, de acuerdo a los datos proporcionados por el Instituto Nacional de las Mujeres:

1. Estado de México (julio de 2015); 2. Morelos (agosto 2015); 3. Michoacán (junio 2016); 4. Chiapas (noviembre 2016); 5. Nuevo León (noviembre de 2016); 6. Veracruz (noviembre de 2016); 7. Sinaloa (marzo de 2017); 8. Colima (junio de 2017); 9. San Luis Potosí (junio de 2017); 10. Guerrero (junio de 2017); 11. Quintana Roo (julio de 2017); y 12. Nayarit (agosto de 2017). Además de estas alertas feminicidas, se declaró en Veracruz una más por agravio comparado, que aun y cuando fue emitida por las autoridades en diciembre de 2017, ésta fue publicada en el medio oficial (Gaceta Oficial del Estado), hasta julio de 2018, por descuido, olvido o ineficacia de la autoridad encargada de su promulgación y publicación.

Es una triste realidad leer que en este país, se cuenta con mecanismo legislado (AVGM) que debe evitar que las mujeres continúen siendo violentadas, y que pese a los actos públicos, la emisión de textos largos revisados por un cúmulo de autoridades (desde la SEGOB federal y las locales, los Congresos Estatales, los Institutos de las Mujeres estatales y municipales, entre otras) para “calmar” a la sociedad civil preocupada, solo se hagan actos públicos y se publiquen en los diarios que se emiten, pero eso no es suficiente para que se obtengan los resultados, ante la falta de dar continuidad, seguimiento, aplicación real, vigilancia efectiva y atención eficaz.

A las autoridades les falta apretar el botón, darle continuidad a la alerta declarada, implementar mecanismos de prevención, ya que han demostrado que hasta la fecha solo han actuado, como quienes compran e instalan la alarma de la casa o el carro, y aunque se cuelgue un letrero de “alerta”, simplemente no lo usan, por lo tanto, sí existen “alertas, que no alertan”.

La Dra. Diana Fabiola Álvarez Salas es Licenciada en Derecho, Maestra y Doctora en Derecho Procesal.

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